...Y aunque ya tarde entienda que el peor e infranqueable laberinto está en la propia interioridad (que no está el hombre dentro del tortuoso pasadizo sino al revés), seguirá insistiendo en recorrer uno y otro día -y otro más- las trajinadas veredas, desde el albor de la mañana y a lo largo de fatigosas tardes, hasta que al fin termine de perderse para siempre cuando caiga la noche.
(R.Reinoso, dic.2008)
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