martes, 13 de septiembre de 2011

Apuntes para una teoría de la ciencia del amor (Carson McCullers)

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Están el amante y el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y ese conocimiento le hace sufrir. No le queda más remedio que una salida: alojar su amor en su corazón del mejor modo posible. Tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda, puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.
Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Por ejemplo, un hombre que es ya abuelo que chochea, y sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado, y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.
Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante y con razón; pues el amante está siempre queriendo desnudar al amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.

Carson McCullers (La Balada del Café Triste)


lunes, 26 de julio de 2010

Ahora todos nos volveremos homosexuales


Un actor heterosexual, en un elogiado papel de gay, protagoniza un filme que marca el debut como director de un conocido diseñador de modas. Tom Ford aporta su mirada sobre un tema que enfrenta a los argentinos.

Frente a su clase de literatura, un profesor discute con sus alumnos sobre un texto de Adlous Huxley. En el cuento, un personaje reflexiona sobre el origen del odio hacia el pueblo judío.
Un alumno pregunta si el autor es antisemita y si los nazis tenían razón al odiar a los judíos.
"No -responde el docente-. El Sr. Huxley no es un antisemita. Los nazis estaban equivocados al odiar a los judíos, pero su odio no fue sin motivo. Sólo que no era una razón real. Era imaginaria. La razón era el miedo".
La escena transcurre en 1962, en Los Angeles (EE.UU.). El profesor George Falconer, protagonista de la película "Un hombre soltero" (A single man) es interpretado por Colin Firth ("El diario de Bridget Jones"), un actor británico y heterosexual que fue nominado al Oscar 2010 por este papel.
Frente al tema de la discriminación y el odio a las minorías "diferentes", el profesor Falconer se encuentra especialmente sensibilizado. Es homosexual y acaba de perder a su pareja -con quien vivió 16 años- en un accidente de tránsito. Por eso desafía a sus alumnos a dejar de lado a los judíos y a pensar en otra minoría, de aquellas que pueden pasar inadvertidas.
"Hay minorías de todo tipo -explica-, las rubias, por ejemplo... o las personas con pecas. Pero una minoría se reconoce como tal cuando se cree que es una amenaza para la mayoría. Amenaza real o imaginaria. Y allí reside el temor. Si esta minoría es de algún modo invisible, entonces el miedo es mayor. El miedo es la razón por la que las minorías son perseguidas. Aunque las minorías sean sólo personas. Gente como nosotros".
Falconer se permite abandonar por un momento a Huxley para invitar a sus alumnos a reflexionar un poco más sobre el miedo.
"El miedo es nuestro enemigo real -sostiene-. El miedo invade nuestro mundo. El miedo es usado como herramienta de manipulación en nuestra sociedad. Es para que los políticos apliquen su política. El temor de ser atacados. El temor de que habrá comunistas que acechan en cada esquina (es la época de la Guerra Fría). El temor de que un país pequeño del Caribe (Cuba) represente una amenaza. El temor de que la cultura negra pueda conquistar el mundo..."

En la antesala del Apocalipsis

Durante la reciente campaña de oposición a la ley de matrimonio igualitario, en la Argentina, se esgrimieron argumentos que parecerían disparatados si se los analizara objetivamente, pero que en un contexto de intereses económicos y políticos en disputa se disfrazan de verdades. Sobre todo cuando a través de los canales opositores se pone énfasis en las advertencias apocalípticas. Su objetivo es transmitir una buena dosis de miedo al rebaño teleadicto.
Por ejemplo, quienes aborrecen la idea de otorgar a los homosexuales el derecho a casarse, aseguran que con ello nuestra especie se encontrará en peligro de extinción, dado que al proclamar como válida la unión entre personas del mismo sexo se producirá una progresiva caída en la tasa de natalidad ¿La razón? Cada vez más gente optará por la homosexualidad, habrá menos matrimonios "normales" y, en consecuencia, cada vez menos embarazos.
Según la lógica de los conservadores, la homosexualidad es una enfermedad contagiosa que se propagará más velozmente si se le abren los cauces que antes eran exclusivos de la familia "bien constituida". Y para colmo, si los gay adoptan un niño, ese chico será abusado o -en el mejor de los casos- crecerá con la mente desviada y no tardará en volverse gay él también. Lo más sorprendente es que tales argumentos puedan ser aceptados por millones de personas medianamente razonables. Aunque en realidad se entiende el fenómeno cuando se sabe que la mayoría de la población cultiva una visceral aversión contra esta minoría poco visible y -precisamente por ello- más "peligrosa".
Tan peligroso es el avance de los homosexuales, según la lógica del miedo, que en el futuro podrían desaparecer las parejas heterosexuales. Todos nos volveremos homosexuales. La raza humana se extinguirá lentamente, si antes no cae un castigo divino y la hace desaparecer de un plumazo, como en Sodoma y Gomorra.
En el caso de "Un hombre soltero", la película es el feliz debut del diseñador de modas Tom Ford en la realización cinematográfica y ha sido señalada por la crítica como una de las mejores historias que se filmaron en los últimos años sobre el tema de la homosexualidad. Está basada en un libro de Christopher Isherwood.
Pero el planteo argumental no abarca solamente el drama de la discriminación, sino que explora otro gran miedo que atormenta al protagonista, un cincuentón que intenta afrontar el inesperado vacío que se produjo en su vida: "El temor a envejecer, a estar solo. El temor de ser inútiles, que a nadie le interese lo que tengamos por decir", expresa el personaje al hablar de un miedo que se vincula con la institución del matrimonio y con su carácter de unión indisoluble, una cuestión que merecería otro análisis más detenido. Porque tal vez el acuerdo formal de fidelidad y la decisión de vivir juntos hasta que la muerte los separe, pronunciada ante un juez, sea algo que las personas necesitan para poder despejar algunos de aquellos otros miedos. LA GACETA ©

Ricardo Reinoso - Redacción de LA GACETA.com

http://www.lagaceta.com.ar/nota/389699/Espectaculos/Ahora_todos_nos_volveremos_homosexuales.html

martes, 26 de mayo de 2009

Purmamarca


Un viento se lleva el hielo de la noche
y deja un rastro de amanecer
sobre las piedras.
De oro es el duende que ha venido
a regar escarcha en la ventana
y me mira reunir en manojos
unos sustantivos azules
que encontré en la madrugada.
Los examino y los mezclo
con verbos rojos o amarillos.
En el cerro vuelve a desnudarse
la escritura cromática del tiempo.
Vigilo tu sueño y espero que despiertes
para derramar el color de estas palabras
sobre el lienzo tibio de tu piel.

Poema ilustrado. 1,20m x 0,90m - acrílico sobre madera y colagraf.
Segundo Premio del XIV Salón Regional de Poema Ilustrado, mayo de 2009, otorgado por el Ente de Cultura de la Provincia de Tucumán.

viernes, 20 de febrero de 2009

El test de Garvich

Hablábamos sobre la inteligencia y el sentido del humor. Recordó una escena de una película de Woody Allen en la que su novia (interpretada por Diane Keaton) trataba de persuadirlo de que fueran a la ópera y él se esforzaba por encontrar excusas para no hacerlo. Una de ellas era: "Cada vez que escucho música de Wagner me dan ganas de invadir Polonia". Yo solté la carcajada y Garvich me miró un poco sorprendido. Le dije que yo también recordaba la película. Tal vez la había visto en la Cineteca, una sala que me traía nostalgia de ciertas tardes de domingo. Mi amigo se quedó estudiándome con un dejo de admiración "¿Sabés que no cualquiera lo entiende a ese chiste?" Me imagino, respondí. Supongo que no a cualquiera le gustan las películas de Woody Allen. Hay que tener cierta cultura... Y en una época quedaba bien parecer un intelectual. Hablar de Bergman, de Borges, aunque fueran aburridos. "Sí. Esa es la cuestión. Jeje. Yo al chiste de Wagner y Polonia lo usaba como un test", confesó Garvich en voz baja. Igual nadie en la oficina nos prestaba atención a esa hora. Se me acercó un poco más y me relató su confidencia. Desde hace años, cada vez que conocía a una chica y comenzaba a salir con ella, en algún momento de la relación -cuando consideraba que estaba preparado para sufrir una desilusión- le contaba el chiste. Por lo general, ella se quedaba mirándolo expectante, a la espera de que la historia continuara. "Y nada -le explicaba él decepcionado-. Ahí termina. El tipo no quiere escuchar Wagner porque le vienen ganas de invadir Polonia. Jeje". Ella a veces ensayaba una sonrisa, otras prefería pasar a algún tema más divertido, mientras él se esforzaba por aparentar que nada había sucedido e intentaba hablar de otras cosas. Después se apuraba a pagar el café, o la cena, o el hotel (según el caso) y comenzaba a hilvanar alguna excusa, un viaje de negocios o algo así, que le permitiera poner distancia. Casi siempre el romance terminaba allí. Lo miré medio sonriente, creyendo que no hablaba en serio. "Te juro -afirmó-. Nunca he podido evitarlo ¿Te parece que soy medio obsesivo? Con todas me pasó lo mismo. Estoy solo por culpa de Woody Allen". No supe qué decirle. Garvich se quedó pensativo un rato, exhaló un suspiro, y al cabo de unos minutos hizo un gesto para espantar los pensamientos amargos. "Bueno. Así es la vida", se resignó, y volvió la mirada hacia el escritorio vecino. "Ché, Fernández ¿Y Boquita, cómo anda?"

(Publicado en Crónicas Digitales de La Gaceta, el 18 de junio de 2008 - http://www.lagaceta.com.ar/nota/276981/Cronicas_Digitales/test_Garvich.html )

sábado, 7 de febrero de 2009

Cómo escuchar un libro


Tenés que poner la palabra audiolibro en Google y elegir un link donde haya novelas, cuentos o poemas que te interesen -me explica Celeste-. Lo elegís y lo bajás con Rapidshare o Megaupload sin problemas porque tienen pocos megas y después lo descomprimís con el Winrar. Al archivo en MP3 lo podés cargar en el iPod o en la memoria del celular.
Ah. Qué interesante, le digo como si hubiera entendido. Ella sonríe y me tiende los auriculares. La voz de Camilo José Cela leyendo La Familia de Pascual Duarte lo sumerge a uno en la conciencia de un criminal que recuerda su vida antes de ser ejecutado.
Está bueno cuando lo lee una voz humana, como en las grabaciones de Cortázar y de Borges -prosigue la adolescente-. Pero hay otros archivos que tienen audio electrónico. Es la voz de una máquina, pero igual sirve. Podés leer una novela sin gastar la vista. Jaja.
Celeste se cambia las ojotas por unas zapatillas multicolores antes de salir rumbo al almacén. Su mamá le encargó una lista de compras e intervino en la charla para recomendarle un libro de Paulo Coelho que acaba de leer. Cuando la hija le pregunta si no lo tiene en MP3, la madre pone cara de impaciencia.
En la vereda, con la lista de compras en el bolsillo, Celeste se pone los auriculares y le da play a una novela de Paul Auster. La voz monocorde reanuda la historia de un escritor que juega a ser detective. Ahora Celeste ya no está en Barrio Jardín sino que deambula por un suburbio de Nueva York y presiente que el azar está a punto de ponerse a jugar con su destino.

Publicado en La Gaceta.com el 5/2/09
http://www.lagaceta.com.ar/nota/312261/Cronicas_Digitales/Como_escuchar_un_libro.html

lunes, 2 de febrero de 2009

Domingo de fútbol

Antes de salir de casa con papá rumbo a la cancha, la mamá le envolvió en el cuello a Santi la bufanda nueva con los colores del club. Soplaba tan helado el viento que apagaba la caricia del sol y se colaba debajo de la ropa.
En el colectivo, los cantos y los gritos sonaban como una amenaza. Y después, en la tribuna del club, se queda un rato a solas con su momento mágico: sentarse en el escalón de cemento a comer la manzana confitada que le compra su papá. Con tanta gente, tantas banderas y papeles, estruendos de pólvora y gritos, debe apurar los bocados agridulces y quedarse atento como sin fuera a suceder algo.
Cuando empieza el partido y papá lo sube a sus hombros, Santi vuelve los ojos hacia un lado y arriba, donde siempre encuentra la mirada de la Nena. Pero ahora las banderas y el humo esconden su cara de muñeca y su gorro de colores lleno de cintas. Todos cantan gritando. A veces contentos, pero casi siempre enojados. Malas palabras. De ésas que se dicen como escupiendo. Ganamos.
Al final salen más felices y enojados todavía. Para que se maten esos hijos de tal cosa, gritan enarbolando banderas como lanzas. Una montonera desafiante. Antes de volver a casa el papá no lo lleva a tomar helado, como siempre, sino que se meten en medio de un montón de gente que grita y hace resonar tambores. No se anima a decirle que tiene hambre, ganas de ir al baño, hasta que después de un rato se van a esperar el colectivo. Aparece uno vacío pero no se detiene.
Los hinchas insultan a los gritos. Eh, Gordo, y ahora en qué nos vamos, le dice papá al tipo que sujeta de la mano a la Nena. Cuando la ve, a Santi se le acelera el corazón. Le estira la mano con la bolsa de pochoclo. Ella le dedica su mejor sonrisa. Desde un auto, una mujer grita a favor del equipo rival. Mala palabra. El conductor acelera. Los hinchas estallan en insultos.
El Gordo está desaforado y arroja el palo con la bandera, que se estrella contra el auto. Frenadas, gritos y más insultos. El Gordo invita a pelear. Quiere matar a alguien y se olvida de la Nena, que se queda inmóvil en la vereda, con los ojos llenos de espanto. Santi tiene ganas de abrazarla, pero el papá lo levanta y se lo lleva. Vamos, allá viene otro colectivo.


Texto publicado en LA GACETA.com el 6 de junio de 2008
http://200.43.15.140/nota/275081/Cronicas_Digitales/Domingo_futbol.html

sábado, 24 de enero de 2009

Mensaje



Había soñado con la llegada de un Mensajero que le anunciaba: "Los inocentes serán salvos porque ya tienen un lugar reservado en el Paraíso". Entonces el general se sintió más aliviado. Era una señal, sin duda. Cuando se levantó en la madrugada, sin hacer ruido para no despertar a su esposa ni a su hijo, estaba convencido de que era el momento de utilizar los proyectiles más devastadores. Horas más tarde, desde el bunker del Estado Mayor vio cómo las bombas de alto poder arrasaban la ciudad enemiga y aniquilaban su capacidad de fuego. Sin embargo, minutos después el radar detectó lo inexplicable. Cientos de puntos luminosos se movían en el cielo. Una respuesta descomunal. De inmediato supo que se habían equivocado. Los refugios para civiles no podrían resistir semejante ataque. El ángel de los inocentes abrió los brazos en señal de bienvenida.

Ricardo Reinoso
Publicado el 21/01/09 en LA GACETA.com http://www.lagaceta.com.ar/nota/310102/Cronicas_Digitales/Mensaje_.html